¿Por qué fallaron los DAOs?

No negocío precios. Escucho su silencio. Cada mañana, abro mi terminal y observo cómo los datos respiran—AST fluctúa entre \(0.036 y \)0.051 como un latido que se apaga. ¿Seis por ciento arriba? Dos por ciento abajo? No son fluctuaciones aleatorias: son síntomas. En el Snapshot 3, el precio cayó a $0.0415—pero el volumen de operaciones superó los 74K, la tasa de intercambio bajó a 1.2. El mercado no paniqueaba: estaba de luto.
Crecí en una casa donde mi madre preparaba té mientras mi padre codificaba sistemas que nunca mintieron. Él decía: ‘La blockchain no registra verdad—registra intención.’ Y así es.
Cuando el volumen sube y el precio cae, no es un error: es traición disfrazada de eficiencia.
Los DAOs no fallan por códigos rotos. Fallan porque nadie creyó en ellos ya.

